En buena medida, el desarrollo de la industria ha estado estrechament
e vinculado con los avances conseguidos en la tecnología de los metales. La primera revolución industrial del
mundo, que tuvo lugar en Inglaterra, comenzó cuando Abraham Darby utilizó coque para producir hierro de primera calidad en grandes cantidades (a partir de 1709).
Hacia 1850, la introducción del proceso Bessemer (bautizado en honor a su inventor, el británico sir Henry Bessemer) hizo posible la producción masiva de acero (una forma más dura y resistente de
hierro por el agregado de Carbono).
En poco tiempo, en Estados
Unidos y Gran Bretaña el acero sustituyó al hierro en
sectores tan diversos como las construcciones navales, las vías de ferrocarril y la ingeniería civil. (La torre Eiffel de París, erigida en 1889 para conmemorar el centenario de la Revolución
Francesa, fue el último edificio importante del mundo construido con hierro.)
El primero de los nuevos metales importantes fue el aluminio. Se utilizó por
primera vez en la industria en los años 80 del siglo pasado, pero al principio la ventaja de su ligereza se veía contrarrestada por su blandura.
En Alemania, en 1909, cuando se descu
brió que la dureza del aluminio en aleación con pequeñas cantidades de cobre y magnesio aumentaba radicalmente con el tiempo (librado al endurecimiento espontáneo). La
aleación resultante recibió el nombre de duraluminio, destinado a convertirse en el principal material de construcción en la industria de la aviación.
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